MEDALLA IDENTIFICATORIA

 

Los presentes extractos son de distintos Mensajes de Jesús Misericordioso, y tienen por objetivo dar una idea de lo que significa ser Apóstol de los Últimos Tiempos.

Estos mensajes se publican en EL BUEN PASTOR en papel y en versión digital en el sitio de la Fundación Misericordia Divina.



Luján, 13 de agosto de 1989.

Segundo Mensaje de Conocimiento Universal.

Debéis fundar la Orden Seglar de los Apóstoles de los Últimos Tiempos, a la cual pertenecerán todos aquellos que sigan mis palabras, guiados por mis sacerdotes elegidos, con espíritu de unidad en la Santa Iglesia; recordadlo: en todas partes del mundo, mi Madre y Yo estamos llamando a un apostolado activo; no es sólo oración: es acción.


6 de septiembre 1989.

El desafío es grande, la empresa será muy contradecida, mas debe formarse la Orden Seglar Apóstoles de los Últimos Tiempos. Ya os he indicado en otra oportunidad como debe ser la medalla identificatoria de esta Orden y no necesitáis reglas escritas pues ya lo están: AYUNO, ORACIÓN, SACRAMENTOS, PALABRA DE DIOS, MISERICORDIA EN PALABRAS Y EN OBRAS... ¿qué más?... ¿qué más puedo pediros?...

Aquellos que deseen integrar esta Orden deberán ser esclavos de mi Madre indefectiblemente (esclavitud mariana según el método de San Luis María Grignion de Montfort), pues nadie viene a mí, si mi Madre no lo atrae y si sóis de su pertenencia, no os repudiaré de mi lado. La esclavitud a los pies de esta Madre Santísima es el primer paso, ése mismo día recibiréis la medalla y a partir de allí, estos Apóstoles de los Últimos Tiempos, se ocuparán de llevar mi presencia en cada lugar, con su palabra y su práctica. Nada más será necesario y la perseverancia hasta el fin será su signo, pues el triunfo es de aquel que persevera.

Podréis ser de los míos en cualquier parte del mundo, siempre que estéis a las órdenes del Santo Padre y dentro de la Santa Iglesia fiel a mis mandatos. No importa la lengua, no importa la raza, no importa el grado cultural, no importa vuestra inteligencia o preparación: importa vuestra voluntad y perseverancia en el bien, éso os hará estandartes vivos. Mas sabed ésto: en el momento del sacrificio, aquellos que sean Apóstoles de los Últimos Tiempos, serán los primeros en toda persecución, en todo dolor, por su consagración a mi Madre y a mí; como nuevos Cristos deberéis sufrir, por eso pensad bien.

Tened paz, amados míos, se llene vuestro corazón con mi gracia pues habéis sidos llamados en un tiempo difícil y hermoso a la vez. Oponed con vuestro bien una barrera impenetrable al enemigo y esforzáos cada vez más en el seguimiento de vuestro Señor, que nunca os abandona, aún en las pruebas más difíciles.

Mi paz os alcance, Yo os bendigo, recibid en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (Todos responden: “Amén”).

Lo he dicho y lo repito: ES EL MOMENTO DE LOS FUERTES Y ES UN LLAMADO FUERTE, RESPONDED CON GENEROSIDAD, seréis benditos si amáis como os amé.

Paz.


24 de noviembre de 1989.

Por eso es que como en los primeros tiempos necesité apóstoles, hoy necesito apóstoles y siempre los necesitaré. Yo llamo a mis apóstoles desde el seno de mi Iglesia a llevar la luz a todas partes sin miedo, pues mi Presencia los acompaña, sin retroceder y sin dejar lugar a dudas acerca de vuestra posición, si sóis mis apóstoles, seguiréis mi suerte, en la tierra y en el Cielo. Yo ayudaré a esto con mi intervención directa en muchas partes de este mundo y la humanidad sacudida por golpes de dolor, tendrá oportunidad de elevar sus ojos a mí y al extender la manos desesperadas encontrarán las manos de mis apóstoles, los Apóstoles de los Últimos Tiempos.


8 de diciembre de 1989.

HABLA LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.

Esta bendición va más allá de un buen deseo, pues llevará la fuerza para que podáis emprender con valor, el camino de los Apóstoles de los Últimos Tiempos, de los cuales Yo soy la Directora principal. En esta lucha me está reservado el primer puesto de vanguardia; ¿Queréis pues luchar Conmigo?, ¡Venid entonces a Mí!

Os dejo todo mi amor, y aquí está mi Hijo: haced todo cuánto Él os diga.


29 de diciembre de 1989.

Abrid pues vuestros corazones para recibir mis enseñanzas y seréis cada día mejores y más firmes Apóstoles de los Últimos Tiempos.


Mendoza, 1 de febrero de 1990.

Sed pues, amados míos, fieles y firmes Apóstoles de los Últimos Tiempos, pues en verdad, habiendo iniciado ya mi regreso a través de estos medios extraordinarios, por vuestro intermedio preparo el triunfo definitivo de los fieles y seguros en mi corazón; el auxilio de la gracia no os faltará y todo lo que haga por vosotros os enseñará lo grande de mi amor misericordioso. No os detengáis, vuestra tarea es el crecimiento bajo mi atenta vigilancia y dirección. Sed fieles en lo poco, cada vez más os confiaré.


16 de febrero de 1990.

En la reunión del primer viernes de mes convocad a todos aquellos que desean ser Apóstoles de los Últimos Tiempos para recibir una bendición especial.


2 de marzo de 1990.

(Primer Viernes de Mes: el Señor convocó a los consagrados como Apóstoles de los Últimos Tiempos).

Cenáculo Nuestra Señora de Todas las Gracias.

La paz a vosotros, ovejas de mi grey.

Hoy os he congregado con motivo especial y con ese mismo especial motivo os bendeciré, pues se acercan horas de temor para toda la humanidad, mas con mi gracia no temeréis; se acercan momentos de dolor para todo el mundo, mas con mi bendición superaréis esos trances; se acercan momentos de impiedad y apostasía, mas con mi compañía y amor os mantendréis firmes en la fe y ayudaréis a otros a mantener ese camino verdadero que conduce al Reino.

Tened en cuenta que sois vosotros los Apóstoles de los Últimos Tiempos, la esperanza de esta humanidad perdida. Cada día, luego de comulgar, renovad vuestra consagración a mí, con la sencilla oración: “Jesús, ven a mí... te amo”, y recordad vuestro compromiso. En el silencio y la meditación entraré en vosotros y haré en vosotros la morada de mi Santo Espíritu si os entregáis en plenitud.

Y en las demostraciones públicas de fe, debéis ser vosotros, los Apóstoles de los Últimos Tiempos, los que llevéis la vanguardia para que otros según vuestro ejemplo os imiten, o al menos admiren vuestro valor y arrojo en el cumplimiento de vuestro deber. Si os consagráis, ya no sóis cualquier persona, ¡sóis Míos!, y como Míos debéis vivir cada instante de vuestra vida, pensadlo bien... no sea que os suceda como aquél que por tres veces negó conocerme y debió llorar amargamente.

¿Estáis dispuestos a comprometeros como Apóstoles de los Últimos Tiempos, recibiendo mi bendición y la de mi Santa Madre? si es así responded: «estamos dispuestos, Señor», (los que se comprometen responden: “estamos dispuestos, Señor”) esa misma disposición hallaréis a través de la oración, de los sacramentos, del ayuno, de mi Palabra, de las obras de misericordia, reforzada en cada uno de estos actos.

Yo os bendigo para que cumpláis con fe y fervor la misión de ser luz del mundo y sal de la tierra, recibid en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (Todos responden: “Amén”).

Sabed que donde uno de vosotros esté, allí está mi Obra, donde un corazón me busque decididamente, allí está vuestro trabajo, id pues y dad fruto en abundancia, así los espero.

Paz a vosotros.


28 de marzo de 1990.

El día de la Fiesta de la Divina Misericordia, durante la celebración de la Santa Misa en honor a esa Fiesta, en el momento de la elevación, recibiréis también la bendición todos los que hasta ese momento os hayáis consagrado Apóstoles de los Últimos Tiempos como nuevo refuerzo; al comulgar sentiréis mi Presencia en vosotros como nunca antes, predisponéos bien a estos días que son importantes.

Y si la gracia abunda, es porque el mal también hará lo suyo.


30 de marzo de 1990.

Quiero dirigir mis primeras palabras hoy a vosotros, sacerdotes, religiosas y consagrados, que en secreto conocéis y aceptáis mis mensajes, mas obligados por la obediencia, estáis imposibilitados de difundirlos como sería vuestro deseo, mas en vuestro fuero íntimo, por vuestra espiritualidad, habéis reconocido que es vuestro Dios quien habla y vibráis con cada palabra que transmito al mundo. Sé bien de vuestro calvario y sufrimiento, viendo que vuestro alrededor las prácticas comienzan a hacerse cada día más contrarias a la Verdad que habéis aprendido como verdaderos hijos de la Santa Iglesia, mas continuad, vosotros, aún en pequeño número, manteniendo la fidelidad a lo que habéis aprendido; vestid vuestros hábitos que son vuestra identificación; orad, orad mucho y allí encontraréis fuerza, y hablad dentro de lo posible con vuestras propias palabras de aquellas iniciativas, mensajes y prácticas que Yo traigo hoy aquí y que son las que siempre he enseñado y defendido a través de la Santa Iglesia. Obrad pues como silenciosos constructores de esa base firme sobre la cual estos seguidores míos, Apóstoles comprometidos, puedan realizar su tarea. Aunque no os conozcáis, unos a otros, trabajad unidos en mi Corazón, ofreced las Santas Misas por estos Apóstoles de los Últimos Tiempos, que arriesgando cada día más, intentan servirme en espíritu y en verdad; y colaborad, aunque no públicamente, en esta Obra, practicando y enseñando a practicar las obras de Misericordia y difundiendo el culto que ya he pedido a esta Devoción (la Devoción a la Divina Misericordia).


2 de mayo de 1990.

Terribles batallas os esperan, enormes castigos se avecinan, ¿y creéis que Yo me gozo anunciándoos esto? lo hago mas bien para que revirtáis vuestra conducta a tiempo y hagáis que otros la reviertan. Leed cada mensaje y cada palabra, con la importancia que esa palabra tiene por provenir del Espíritu de Dios y retened las enseñanzas que en ellas halláis pues para vosotros son joyas de vida eterna. No dejéis pasar el tiempo ociosos. Seguid en todo momento vuestra vocación de Apóstoles de los Últimos Tiempos y haced a cada instante aún en los momentos de mayor intimidad, actos de sacrificio por mí, renunciando a pequeñas cosas, así se construye el camino a la Patria Celestial. Entrenad vuestra voluntad en las renuncias y llegaréis a grandes logros. Ceded de vuestras opiniones humanas frente a la opinión de vuestro Señor, acerca de las cosas del mundo y lo pernicioso que éstas son en esta época.

Tened paz, amados míos, habéis encontrado un camino, no lo abandonéis. No os importe opinión alguna, no abandonéis el camino, la verdad y la vida...


6 de julio de 1990 (Primer Viernes de mes).

Deseo de vosotros que seáis los fieles Apóstoles de los Últimos Tiempos y el ayunar dos veces por semana os debe caracterizar en todas partes, sin publicidad ni propaganda, sin caras demacradas, sólo con el corazón alegre de saber que el espíritu está dominando a la carne por amor a Dios; no abandonéis ese sacrificio porque es indispensable para la vida de esta Obra.


20 de julio de 1990.

Se hace necesaria una revisión general, se hace necesaria una actualización de la fe, que ha pasado a ser solamente una palabra dentro de mi Iglesia. Todo es estructura, todo es planificación, todos son roles, funciones... no hay lugar para Dios en esta batalla de organizaciones. El Señor, Dueño de la Iglesia, no puede comandarla ya porque sus mandos no responden a la suave voz del Pastor, sino a sus propios caprichos. Yo os digo: guardad bien lo bueno y desechad prontamente lo malo si no deseáis enfermar mortalmente el Cuerpo Místico de vuestro Señor.

Y vosotros, estad atentos, oíd y ved bien qué se enseña y cómo se enseña a vuestros hijos, amigos, parientes, conocidos; qué se les habla en la preparación a los distintos Sacramentos, y en la medida de vuestras posibilidades, completad esa formación vosotros con vuestra palabra de aliento y de confianza hacia la Santa Madre Iglesia. Llenad vosotros el vacío, preparáos bien, para eso sóis Apóstoles de los Últimos Tiempos.

Amados, guardáos limpios para mí, vivid santamente por mí, sois los destinatarios de todo mi amor... no hagáis oídos sordos... ¿acaso vosotros también queréis dejarme?


27 de julio de 1990.

Cuando os pregunten porqué dedicáis tanto tiempo a la oración, responded con sinceridad que lo hacéis por todos aquellos que no dedican ni un minuto en su vida a Dios. Cuando os acusen de falta de humildad, pedid que os aclaren en qué frase evangélica, en qué Palabra de vuestro Dios, en qué Documento de la Iglesia... qué Ángel del Cielo... les ha revelado que humillarse frente a Dios es un pecado y que caer de rodillas en la Presencia del Señor es falta de humildad. ¡Orgullosos sois, sí!, orgullosos de haber descubierto el camino, orgullosos de saberos dueños de nada, sólo administradores aún del aliento que sopla en vuestras bocas: ¡Hijos míos, si os comprendiesen, me comprenderían!, mas Yo endurecí esos corazones, por su falta de fe en mí y por su exceso de confianza en sí mismos, por eso os miran y no os ven como Yo os veo; por eso sois la vergüenza y el escándalo de los malos cristianos, mas Yo os aseguro, creédlo, sois el orgullo del Cielo. Librad la batalla, pues, y buscad, buscad más justos para formar la Legión de los Apóstoles de los Últimos Tiempos, esta Orden debe existir, como ya existe, y debe crecer en los corazones, en el recinto sagrado donde sólo Yo puedo entrar, donde nadie podrá tocar el precioso tesoro de la fidelidad a Dios y el servicio a los hermanos.


13 de marzo de 1992

La paz a vosotros, ovejas de Mi grey.

Según el desarrollo de los acontecimientos actuales y según la etapa que estáis viviendo dentro de ésta, mi Obra, sabed que ha llegado el tiempo de daros a conocer LAS SIETE ADVERTENCIAS FINALES, luego de las cuales, sólo restará el TERCER MENSAJE UNIVERSAL, estas siete advertencias estarán dirigidas a todo el mundo, pero muy especialmente a este país (Argentina), serán dadas en las reuniones pertinentes cuando lo considere necesario, sin advertencia previa para vosotros pues no sabréis cuándo... pero llegarán. Estas siete advertencias son los lazos que mi Corazón tiende hacia este género humano que no desea oír la voz de su Dios. EN LO QUE RESPECTA AL TERCER MENSAJE UNIVERSAL, ÉSTE SERÁ DADO ANTE LA PROXIMIDAD DE GRANDES ACONTECIMIENTOS QUE TRAERÁN COMO ÚLTIMA ETAPA MI ADVENIMIENTO COMO JUSTO JUEZ.

¡Cuánto os conozco! ¡Sé que ésto despierta vuestra curiosidad e interés; mas no es lo que deseo. Deseo que ésto despierte vuestro celo apostólico, deseo que ésto os llame a un compromiso mayor, a un trabajo cada vez más comprometido por transmitir mis Palabras, a una fe vivida y defendida en obras.

Mas muchos de vosotros tenéis todavía el corazón endurecido. Meditad... meditad porque ya llegan los momentos de decisión y estar adherido a esta Obra puede significar la pérdida de la vida material. Mas Yo estaré con vosotros a cada instante y los prodigios y señales que realizaré en este lugar, no serán olvidados por quienes los presencien, ya lo veréis.

Tened paz, os bendigo y os invito a ser auténticos seguidores de esta Obra en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (Todos responden: “Amén”).

No olvidéis que estoy con vosotros, no lo olvidéis... pues Yo no lo olvido.

Paz.


Lectura: Hechos de los Apóstoles, Cap. 16, Vers. 16 al 34.


28 de agosto de 1992.

La paz a vosotros, ovejas de Mi grey.

Sabed que a través de la historia siempre han sido necesarias distintas medidas de ayuda para esta humanidad, cuando extravía el camino, cuando se confía demasiado en sus propias fuerzas, cuando ha elevado a la ciencia hasta la altura de Dios. Es a través de Congregaciones y Ordenes religiosas, donde la vida de santidad contrastando con la del mundo llamaba nuevamente a su cauce a muchos hombres y mujeres de recta intención, que dejándolo todo, venían en pos de mí. Nuevamente en este siglo es necesaria la intervención del Cielo y por eso he creado esta Orden (Orden Seglar de los Apóstoles de los Últimos Tiempos) cuya medalla os habéis impuesto por propia mano y por propia voluntad, haciéndoos así miembros de la clase elegida de los Apóstoles para llevar la Palabra del Señor con vuestras vidas; hijos predilectos de mi mano misericordiosa, de la cual no cesarán de fluir bendiciones sobre quienes tomen en serio este compromiso y trabajen por cumplir su misión. Ya tendréis pues tiempo para los goces en la otra vida: ¡LUCHAD AHORA... SED SEVEROS CON EL MAL, VOSOTROS APÓSTOLES!; ¡Yo os defenderé! No permitiré que palabra o crítica alguna sea levantada en vuestra contra; antes bien, Yo mismo ejerceré la defensa en los hechos, pues vosotros debéis ser el fermento para esta humanidad necesitada de Dios, para eso os consagrasteis... para morir por mi causa. Y eso representa esa medalla que lleváis en vuestro cuello, ella es vuestra vida, pendiente de un hilo que es mi Voluntad. ¡Mas no temáis!, también gozaréis de grandes consuelos, y recibiréis las fuerzas necesarias en todo momento como hasta hoy y por siempre. ¡YO GARANTIZO A ÉSTA, MI ORDEN!, que ningún enemigo exterior o interior conseguirá triunfo alguno por insidias, engaños, calumnias y toda clase de maldades sobre ningún miembro de mi Orden, sino es ésto extremadamente necesario para educar su humildad o para castigar su falta de obediencia. Mantenéos unidos... formáis parte de una gran familia, cuyo divisa es el sacrificio por amor a Dios. Que otros al veros deseen imitaros ingresando a esta Orden reservada para unos pocos, valientes, sinceros, hombres de fe, humildes y sencillos. No temáis pues... no temáis a lo que viene... teman y tiemblen aquellos que pudiendo hacer mucho bien descansan dejando su conversión para mejor momento, pues llegará el día, vendrá la hora y seréis vosotros los Apóstoles de los Últimos Tiempos, fieles a vuestra misión, los primeros llamados a mi lado. Trabajad... trabajad  ahora, pues aún hay tiempo. ¡Y NO DEJÉIS TRANSCURRIR NI UN INSTANTE EN VANO! Cada momento, cada acto por mínimo que sea, revestido del amor que debéis profesar por esta Madre y por mí, representa una derrota del Enemigo de las almas. Donde vosotros estéis, llevaréis paz; donde vosotros estéis, llevaréis mi Palabra en vuestra vida; donde estéis, seréis agradables con vuestros hermanos. Jamás busquéis un defecto a quién como vosotros es Apóstol, pues de eso puedo encargarme bien Yo.

Paz. Esta bendición alcanzará a todos, pero en especial a aquellos que se han consagrado íntegramente a mí y forman los pilares, siendo los precursores de mi gran Obra, aquella que he pedido tanto tiempo a través de mi Madre, y que hoy se ve cristalizada: la Orden Seglar de los Apóstoles de los Últimos Tiempos. Yo os bendigo en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (Todos responden: Amén).

Dad fruto abundante y bueno, así lo espero de vosotros.

Mi paz a los corazones limpios.